SERVICIOS DE SACRAMENTOS

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION

Sentido del término confirmación

El nombre de este sacramento proviene del latín confirmatio = fortalecimiento. Sin embargo, a lo largo de la historia ha sido denominado de diversas maneras: crismación (unción de aceite perfumado y consagrado), imposición de manos, crisma.

El Nuevo Testamento no habla del sacramento de la confirmación como tal. Está claro que Jesucristo lo instituyó pero no lo administró por sí mismo, puesto que era algo pensado para cuando El se fuera. Cristo anunció la venida del Paráclito - El Espíritu Santo - una vez que El se marchara de este mundo.

De lo que sí hay clara constancia es de la administración de los Apóstoles - con la imposición de manos - Así puede leerse en los Hechos de los Apóstoles cuando Pedro y Juan van a imponer las manos a los recién bautizados de Samaria, por ese medio recibieron el Espíritu Santo (Hch 8,14-17) y cuando Pablo bautiza e impone las manos a unas cuantas personas en Efeso, de igual manera recibieron el Espíritu Santo. (Hch 19, 5-7).

El bautizo de Juan el Bautista no era el sacramento de confirmación, textualmente sus palabras lo dicen “Arrepiéntanse, bautícense, conviértanse”, por lo tanto era un sacramento de inicio de fe, dejar de creer en muchos dioses para creer en un solo Dios del Universo, por ello Jesús se bautiza, no para convertirse, El ya estaba convertido, no para arrepentirse, El era quien nos venía a salvar; así Cristo instituyo el sacramento del bautizo, dando continuidad a lo que El Padre había iniciado al manifestarse y enviar a Abraham a la tierra que El le mostraría. El significado del bautizo entonces tiene la gracia gratuita de convertirnos en verdaderos hijos de Dios, por eso la iglesia puede bautizar a los niños para hacerlos hijos de la fe que deben transmitirles sus padres.

El ser bautizados salva a la persona y lo une a Dios, pero no representa ningún compromiso, por ello Juan el Bautista manifestó “Yo bautizo con agua, pero hay otro después de mi que los bautizará con el Espíritu Santo y Fuego” (Hechos de los Apóstoles).  Hoy el sacramento de la confirmación es el hecho de pedir el bautizo del Espíritu Santo, no para aceptar la fe, más bien para aceptar el compromiso instituido por Cristo, “Id y predicar la buena nueva a todas las naciones del mundo”, por tanto un niño o un adulto puede salvarse por ser bautizado, el niño no tiene compromiso alguno pero al crecer debe voluntariamente aceptar el compromiso de mantener, profesar la fe y cumplir la disposición de llevar la buena nueva a todos aquellos que no saben de ella. En tal sentido el sacramento de la confirmación es el hecho de pedir el bautizo del Espíritu Santo, no para aceptar la fe, sino para comprometerse a ser testimonio de ella mediante la aceptación del modelo de vida explicado mediante la palabra de Cristo, ser como El era, amando a los demás como a sí mismo; sólo así se puede tener la vida nueva del Espíritu Santo, completando su obra en nosotros. Los apóstoles inicialmente fueron bautizados con agua, su bautizo en el Espíritu Santo de luz y verdad fue hasta el día de Pentecostés, así Cristo instituyo el sacramento de la confirmación, no participando como humano sino con la participación de su Espíritu Santo prometido que bajaría del cielo y los bautizaría con el fuego tal lo había expresado Juan el Bautista, con ello se dedicaron a predicar el evangelio a todas las naciones del mundo.

El bautizo con agua, es el sacramento de iniciación; el bautizo con el Espíritu Santo es el sacramento de confirmación en llevar la vida tal cual lo expreso y mostro el Hijo de Dios durante su permanencia en la tierra, una vez adquiridos estos dos sacramentos todos debemos convertirnos en apóstoles para que con nuestro ejemplo de en la vida nueva tengamos la moral de difundir el evangelio mediante nuestras obras y la predica de la palabra sagrada comprendida en la Biblia.

Los sacramentos los instituyo el Hijo de Dios durante su permanencia en la tierra:

  • Sacramento del matrimonio, bendiciendo la boda al haber convertido el agua en venido, Bodas de Canaa.
  • Sacramento del bautizo, Jesús bautizado por Juan el Bautista
  • Sacramento de la Eucaristía, en el tiempo de la pascua Hebrea la última cena del Hijo de Dios en la tierra.
  • Sacramento del Orden Sacerdotal, con el envío de los 12  y de los 72 discípulos a predicar la buena nueva, luego antes de su ascensión al cielo después de su resurrección, Id pues y predicad la buena nueva a todas las naciones del mundo.
  • Sacramento de la reconciliación, a quienes les perdonen los pecados les serán perdonados, envío de los apóstoles.

Los sacramentos instituidos por el Hijo de Dios después de su ascensión al cielo:

  • Sacramento de la confirmación, en la última Cena, el Hijo de Dios dijo a sus Apóstoles: “Les conviene que Yo me vaya, porque si Yo no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes; si me voy, lo enviaré para ustedes” (Juan 16, 7). Después de la Resurrección les anunció: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y me servirán de testigos en Jerusalén y en toda Judea y en Samaria, y hasta el extremo del mundo” (Hechos 1, 8), todo fue consumado con el bautizo del Espíritu Santo, el día de Pentecostés.
  • Unción de los enfermos, les dio el poder de sanar enfermos y fue probado el día en que Pedro y Juan sanaron un paralitico (Hechos de los Apóstoles).

 

Santo Tomás explica que ciertos sacramentos los instituyó Jesús con su uso, como el Bautismo y la Eucaristía, otros confiriendo directamente una potestad, como la Penitencia y el Orden. La Confirmación, en cambio, la instituyó con la promesa de sus efectos (cf. S. Th. III, q. 72, a. 1, ad. 1).

Desde los primeros tiempos fue administrado este sacramento en la Iglesia. Así, por ejemplo, los Hechos de los Apóstoles nos refieren que, habiendo sido enviados Pedro y Juan a los samaritanos, “hicieron oración por ellos a fin de que recibiesen el Espíritu Santo porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8, 14). Cuando san Pablo llega a Éfeso, pregunta a los discípulos: “¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe? Mas ellos respondieron: ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”. Entonces el Apóstol completó su instrucción y “habiéndoles Pablo impuesto las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo” (Hechos 19, 2-6. Ver también Hebreos 6, 2). Es claro que, desde el primer momento de la predicación apostólica, se confería este sacramento, instituido por Jesucristo.

EL SIGNO EXTERNO DE LA CONFIRMACIÓN

Al administrar la Confirmación, la Iglesia repite esencialmente la sencilla ceremonia que relatan los Hechos de los Apóstoles (19, 1-6), añadiendo algunos ritos que hacen más comprensible la recepción del Espíritu Santo y los efectos sobrenaturales que produce en el alma.

Así lo expresa, por ejemplo, la siguiente oración que antecede a las palabras de la forma: “Oremos, hermanos, a Dios Padre Todopoderoso, y pidámosle que derrame el Espíritu Santo sobre estos hijos de adopción, que renacieron ya a la vida eterna en el Bautismo, para que los fortalezca con la abundancia de sus dones, los consagre con su unción espiritual, y haga de ellos imagen perfecta de Jesucristo”.

EFECTOS DE LA CONFIRMACIÓN

“De la celebración se deduce que el efecto del sacramento es la efusión plena del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los apóstoles el día de Pentecostés” (Catecismo, 1302).

El Catecismo continúa así su explicación: “Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal” (Id., n. 1303).

Además, la Confirmación tiene también otro efecto: “imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el ‘carácter’, que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo (cf. Lucas 24, 48-49)” (Id., n. 1304).

“El ‘carácter’ perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido en el Bautismo, y el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo públicamente, y como en virtud de un cargo (quasi ex officio)” (Id., n. 1305).

EL MINISTRO DE LA CONFIRMACIÓN

“El ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo; también administra válidamente este sacramento el presbítero dotado de facultad por el derecho común o concesión peculiar de la autoridad competente” (CIC, c. 882; 1313; LG 26).

EL SUJETO DE LA CONFIRMACIÓN

El sujeto de la Confirmación es todo bautizado que no haya sido confirmado.

También los niños pueden recibir válidamente este sacramento y, si se hallan en peligro de muerte, se les debe administrar la Confirmación.

Aunque el niño bautizado que aún no llega al uso de razón se salvaría sin confirmarse, la conveniencia de recibir este sacramento resulta de la infusión de un estado más elevado de gracia, al que corresponde un estado más elevado de gloria (cf. S. Th. III, q. 72, a. 8, ad. 4).

Ahora bien, considerando el fin de este sacramento convertir al bautizado en esforzado testigo de Cristo es más conveniente administrarlo cuando el niño ha llegado al uso de razón, es decir hacia los siete años de edad: “El sacramento de la Confirmación se ha de administrar a los fieles en torno a la edad de la discreción” (CIC, c. 891).

LA MATERIA

La materia de la Confirmación es la unción con el crisma en la frente, a la que se añade la imposición de las manos del Obispo.

Por crisma se entiende la mezcla de aceite de oliva y de bálsamo, consagrada por el obispo el día de Jueves Santo. Se entiende por bálsamo el líquido aromático que fluye de ciertos árboles y que, después de quedar espesado por la acción del aire, contiene aceite esencial, resina y ácido benzoico o cinámico.

Así como la materia del Bautismo -el agua- significa su efecto propio -lavado-, la materia de la Confirmación -aceite, usado desde la antigüedad para fortalecer los músculos de los gladiadores-, es símbolo de fuerza y plenitud. El confirmado podrá con el sacramento cumplir con valentía su misión apostólica. El bálsamo, que perfuma el aceite y lo libra de la corrupción, denota el buen olor de la virtud y la preservación de los vicios.

La forma

La forma de la Confirmación consiste en las palabras que acompañan a la imposición individual de las manos, imposición que va unida a la unción en la frente.

El Ordo Confirmationis (22-VIII-71) indica que las palabras son: “Recibe el signo del Don del Espíritu Santo”.

Lo mismo que al soldado se le dan las armas que debe llevar en la batalla, así al confirmado se le signa con la señal de la cruz en la frente, para significar que el arma con que ha de luchar es la cruz, llevada no sólo en su mano o sobre su pecho, sino sobre todo en su propia vida y conducta.

LOS PADRINOS DE LA CONFIRMACIÓN

Aun sin ser imprescindible, sobre todo si se trata de un adulto, conviene que el confirmado tenga un padrino “a quien corresponde procurar que el sujeto se comporte como verdadero testigo de Cristo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al sacramento” (CIC, c. 892).

Las condiciones que ha de reunir el padrino de la Confirmación son las mismas que se piden para el padrino de Bautismo (ver 2.8). Incluso “conviene que sea el mismo que para el Bautismo, a fin de subrayar la unidad entre los dos sacramentos” (Catecismo, n. 1311).

A los padrinos les compete -con más razón si son los mismos que en el Bautismo- colaborar en la preparación de los confirmados para recibir el sacramento, y contribuir después con su testimonio y con su palabra a la perseverancia en la fe y en la vida cristiana de sus ahijados.

Su tarea es de suplencia respecto a la obligación primordial de los padres, pero no por eso su misión carece de importancia.

Significado de la Confirmación

El Concilio Vaticano II dice: "por el sacramento de la Confirmación se vinculan (los cristianos) más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras" (Lumen Gentium, 11)

El cristiano, al recibir la Confirmación, queda ungido y enviado para la misión de anunciar la fe, testimoniar la verdad, comprometerse en la implantación en el mundo de la justicia, la libertad y la paz, para ser fermento de santidad y edificar la iglesia por medio de sus carismas y servicios de caridad.

El mayor efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión plena del Espíritu Santo, y sus siete dones: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Ciencia, Piedad, Fortaleza y Temor de Dios, como fue concedida a los apóstoles el día de Pentecostés.

DONES DEL ESPIRITU SANTO

Si el Bautismo hace al cristiano Hijo de Dios, la Confirmación le enriquece con una fuerza nueva y singular del Espíritu Santo, que le hace capaz de dar testimonio de su existencia y de irradiar la fe que la presencia y acción de Dios ha creado y mantiene en él.

Si el Bautismo une al cristiano con Jesucristo, la Confirmación le hace testigo del Señor en plenitud, activando y profundizando continuamente la nueva vida que reside en él.

Si el Bautismo llena al cristiano con los dones del Espíritu Santo y le ha incorporado a la Iglesia, la Confirmación, le estimula para hacer fructificar en el servicio esos dones recibidos y para estar plenamente unido a toda la Iglesia en su consagración y misión.

Dones del Espíritu Santo

Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu, estos dones son:

Sabiduría: Nos da la capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la medida de Dios. Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades de este mundo; nadie mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación, mirándolos con los mismos ojos de Dios.

Ciencia: El hombre iluminado por el don de la ciencia, conoce el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador. Y no estima las criaturas más de lo que valen y no pone en ellas, sino en Dios, el fin de su propia vida.

Consejo: Este don actúa como un soplo nuevo en la conciencia, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma. El cristiano ayudado con este don, penetra en el verdadero sentido de los valores evangélicos, en especial de los que manifiesta el sermón de la montaña.

Piedad: Mediante éste don, el Espíritu sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios y para con los hermanos. El don de la piedad orienta y alimenta la necesidad de recurrir a Dios para obtener gracia ayuda y perdón. Además extingue en el corazón aquellos focos de tensión y de división como son la amargura, la cólera, la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón.

Temor de Dios: Con este don, el Espíritu Santo infunde en el alma sobre todo el temor filial, que es el amor a Dios, el alma se preocupa entonces de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de permanecer y de crecer en la caridad.

Entendimiento: Mediante este don el Espíritu Santo, que "escruta las profundidades de Dios" ( 1 Cor 2,10), comunica al creyente una chispa de esa capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios, al mismo tiempo hace también más límpida y penetrante la mirada sobre las cosas humanas. Gracias a ella se ven mejor los numerosos signos de Dios que están inscritos en la creación.

Fortaleza: el don de la fortaleza es un impulso sobrenatural, que da vigor al alma en las habituales condiciones de dificultad: en la lucha por permanecer coherentes con los propios principios, en el soportar ofensas y ataques injustos; en la perseverancia valiente, incluso entre incomprensiones y hostilidades, en el camino de la verdad y de la honradez. Es decir, tenemos que invocar del Espíritu Santo el don de la fortaleza para permanecer firmes y decididos en el camino del bien. Entonces podremos repetir con San Pablo: "Me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte" ( 2 Cor 12,10).

Celebración de la Confirmación

En la celebración litúrgica de este sacramento concurren tres elementos que deben ser señalados:

  • La renovación de las promesas del Bautismo, por la que el confirmando hace expresión y compromiso explícito de vivir a la manera de Cristo.
  • La imposición de manos que el obispo hace sobre los confirmandos
  • El momento culminante de la Confirmación por el que el Obispo impone su mano sobre la cabeza del confirmando y le unge la frente con el santo Crisma mientras pronuncia estas palabras: "recibe por esta señal el don del Espíritu Santo"

El saludo de la paz concluye el rito, significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles.

PARROQUIA SAN BENITO, SAN SALVADOR, EL SALVADOR C.A.Tel: 2263-2550
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